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Metáforas de Vida: Cuándo las palabras no alcanzan.

  • Foto del escritor: Dra. Tania Rocha Sánchez
    Dra. Tania Rocha Sánchez
  • 24 oct 2020
  • 4 Min. de lectura

Llegar a tu consulta psicológica, verte con una buen amiga o amigo, o intentar escribir en un diario lo que sientes, lo que ha estado pasando en tu vida y cómo te hace sentir, y descubrir que no encuentras manera de externarlo, no se te ocurren las palabras que hagan justicia a tu experiencia, dudas de lo qué quieres decir y cómo decirlo porque quizá no sea lo suficientemente transparente para la otra persona, o simplemente no hay una forma de "apalabrar" lo vivido. Tu cabeza parece ese tramo de carretera que es imposible avanzar porque está lleno de neblina. ¡Eso es una metáfora! Un mecanismo cognitivo que nos permite conceptualizar o reconceptualizar el mundo externo y el mundo interno. Encontrar analogías con imágenes, símbolos o ideas concretas que posibilitan describir para ti y hacia las otras personas, lo que estás sintiendo, pensando o intentando expresar. Metaforizar es una forma en la que las personas encontramos la posibilidad de dar sentido a las experiencias, de significar situaciones, de aprehender lo que vivimos y capturar esos momentos y circunstancias que van haciendo historias, nuestra historia.


Por supuesto, todas y todos metaforizamos de diferentes maneras, pues nuestras experiencias no son iguales, y dependiendo el contexto histórico, social y geopolítico en el que nos encontremos, habrá a nuestra disposición formas muy diversas de dar sentido a las experiencias, pero al final, las metáforas posibilitan significar, comprender, expresar y comunicar aquello que en ocasiones no encuentra otra manera de ser expuesto. Con las metáforas logramos dar sentido a algo, a través de otra cosa, que de una u otra manera nos resulta comparable o análoga a lo vivido. Su poder psicológico es muy importante, ya que dan cuenta del sistema de creencias y sentimientos que forman parte de la persona, no son sólo palabras o figuras a través de palabras, sino que constituyen "una ventana al mundo interior", pero a su vez dan cuenta de los referentes sociales y culturales que han permeado la vida de quien usa esa metáfora.


¿Y qué tiene que ver esto con el tema de la terapia, de la salud mental y de la vida misma?


Las metáforas van más allá de un asunto del lenguaje, tienen que ver con la posibilidad de conocer cómo es que las personas estamos habitando el mundo y relacionándonos con lo que hay en este. En ese sentido, puede ayudarnos a comprender de qué manera una persona se vive y va acomodando sus experiencias, así como el efecto que esto puede tener en su vida. La metáfora logra acceder a la comprensión de aspectos que quizá son poco aprehensibles de manera objetiva, pero también permite colocar y reproducir sabores, olores, texturas o cualidades y capacidades en algo, haciendo que lo "metaforizado" sea mucho más accesible e incluso manejable para quien así lo externa. Por ejemplo, en el contexto terapéutico es bastante común que las personas recurran a metáforas emocionales, es decir, hacen alusión a situaciones u objetos que les parecen análogos a sus emociones o a cómo las están viviendo: "me sentía como un bote de basura en mi familia, todos depositaban en mí sus enojos y frustraciones, lo que les molestaba, sus quejas, y ahí me quedaba yo con eso adentro, pudriéndose".


Las metáforas nos pueden hacer saber las formas predominantes en las que las personas afrontan la vida: "soy como un barco a la deriva, me muevo para donde la corriente empuja, pero al final, yo no decido", "A mí me parece que la vida es una batalla, peleas o pierdes".

Así, las metáforas también pueden dar cuenta de la pantalla o lentes a partir de la cual percibimos el mundo y afrontamos las diversas experiencias que vivimos. Y sin duda, esto puede abrir o cerrar posibilidades. No es lo mismo si una persona considera que "la vida es como un viaje" a "la vida es una tragedia" ¿Cómo te imaginas que sería vivir bajo la idea de estar viajando, conociendo, explorando, probando cosas diferentes, etc., versus asumir que la vida es una cuestión muy dramática, en donde siempre hay situaciones catastróficas y llenas de desdicha? Parece que la primera opción abre más posibilidades a experiencias diversas y que no necesariamente apuntalan a tragedias, en tanto, bajo la segunda versión, parece que es un asunto muy pesado, poco deseable, da la sensación de desesperanza y poca posibilidad de acción.


Considerando lo anterior, es que resulta tan significativo el uso de las metáforas, por una parte cuando quien nos consulta, nos comparte alguna metáfora, nos da la posibilidad de conocer y comprender mejor lo que sucede, y a la vez ofrece posibilidades para entablar una conversación en términos que para la persona puede facilitar su toma de conciencia o algún momento revelador de aprendizaje. Pero también podemos hacer uso de metáforas como herramienta terapéutica para posibilitar una forma en la que la persona sienta mayor control y manejo de la situación, que vea caminos posibles y alternativas frente a la experiencia vivida, y que pueda conectar en niveles mucho más profundos y reflexivos sobre sus experiencias.


La metáfora es una posibilidad interesante para apalabrar y dar cuenta de aquello que a veces nos es difícil, también para dar sentido y significado a experiencias y procesos de vida que forman parte de nuestro andamiaje, y por supuesto, para crear otros escenarios posibles de comprensión del mundo y de acción. Si tuvieras que pensar en una metáfora para dar cuenta de la manera en la que estás habitando tu mundo interior y el exterior, en este momento de tu vida, y los efectos que esto tiene en la forma en la cual te vives y te sientes, ¿Qué metáfora elegirías?.







 
 
 

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